La jardinería: un trabajo constante

A falta de una constante ocasión para disfrutar de la naturaleza, nos hemos acostumbrado a cultivar jardines públicos y particulares con los que suplir este deseo, incluso con flores y macetas en nuestras casas. Este anhelo de naturaleza domesticada necesita, sobre todo en los primeros casos, de personas cualificadas para ello, que hayan hecho de su gusto por las plantas su trabajo.

A diferencia del campo en estado salvaje, los jardines necesitan de profesionales que se preocupan del cuidado diario, de su riego y que solucione los pequeños problemas que surjan, y de ciertas tareas de temporada, como la poda, el abono… Un trabajo que necesita de una supervisión constante, que además debe aclimatar la tierra y las plantas al clima concreto del lugar.

Una dedicación profesional que no tiene nada que ver con el arte de la floristería, cada vez más presente en miles de lugares públicos e incluso en las casas, que exige de ese profesional de un cierto gusto estético que le permita crear ramos y centros florales, que además tenga un toque personal que le distinga de otros profesionales.

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